Mitos: Supersticiones Gauchescas

Sebasg1973

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El hombre de campo vive con relativa tranquilidad su existencia diaria. Lejos está de la alineación de los tiempos escasos, de los ruidos ensordecedores, del apresuramiento cotidiano y de las tentaciones inteligentemente expuestas por los mercaderes de la sociedad de consumo. Su relación con el medio es mucho más intensa, más íntima si se quiere. Dispone de tiempo para observar la naturaleza, para conocer sus secretos, hasta para predecirla. Es por eso quizá que haya desarrollado una serie de técnicas para interpretar signos que cree le envía ésta, para su comprensión y convivencia. Así entonces, nuestro hombre de campo, al que llamo “gaucho”, interpreta señales que anuncian futuros acontecimientos.

Por ejemplo, para nuestro campesino las visitas tienen gran importancia. Recuérdese que él no pasa la mayor parte de su vida inmerso en grandes conglomeraciones. Generalmente tiene su casa distanciada de las de sus vecinos y su contacto más permanente es con su esposa, hijos y sus animales. De ahí que si un inocente teru teru pasa volando sobre su rancho gritando, un gallo caprichosamente canta parado frente a la puerta de entrada de la casa o un gato se “lava” (lame) la cara para él, es señal infalible de que alguien lo visitará. En algunas regiones el ocasional vuelo de un colibrí en las cercanías donde está mateando o compartiendo una charla, anuncia la llegada de visitantes. Esto generalmente produce júbilo, aunque no siempre las visitas son las deseadas. Si el visitante es bienvenido producirá gran júbilo, constituyéndose en un acontecimiento social, sin embargo, si es indeseada la presencia del recién llegado, las mujeres especialmente, a escondidas, suelen echar un poco de sal sobre el asiento de la silla que se ofrece al paseante para forzar su rápida partida.

La lluvia es para el hombre de campo vital. De ella dependen sus buenas cosechas y el buen desarrollo de su ganado. La sequía es uno de los males mayores que suele afrontar, junto a las plagas, aunque a éstas se las puede combatir. Por eso realiza ceremonias en soledad para producir aguaceros o escudriña el cielo, las plantas y el comportamiento de los animales para descubrir alguna señal que le indique la bendición de la lluvia. Entonces le causará alegría cuando observe que un toro se revuelca en la tierra como lo hacen los caballos (actitud poco frecuente) o cuando los potrillos, los corderos, los cabritos retozan más de lo habitual en el camino de regreso a los corrales, hecho que se produce todas las tardes. También cuando algunas nubes alivian el efecto implacable del sol, y las perdices silban fuera de los horarios habituales, entonces es seguro que vendrá agua. Claro que no siempre la lluvia es serena. Suele llegar la bendición del agua junto con truenos relámpagos y a veces de mortales rayos. Entonces mientras observa el avance de los nubarrones, clava un hacha en cruz en el patio, recitando oraciones católicas, pidiendo protección a Dios.

Quizá debido a la constante vida de sacrificios, a la indefensión ante los caprichos del clima, o exposición a los peligros de alimañas, el hombre de campo tenga una sensación fatalista de las cosas. Entonces le producirá un sentimiento de inquietud, cuando rompa un espejo o vuelque sal sin quererlo. He observado la preocupación de mujeres y rudos hombres cuando el gallo canta en los primeros tramos de la noche, cuando una gallina quiere imitar al gallo, o cuando una lechuza cruza volando raudamente sobre su casa emitiendo su clásico chistido. Es señal de desgracia también cuando algún ave acuática se posa en lugares donde no hay espejos de agua (viudas negras, biguás, pacaás, etc)

Enumerar las señales que el gaucho interpreta de las conductas de sus animales, del comportamiento climático, o de los animales salvajes, no tiene sentido práctico. Con los ejemplos dados queda expuesta una muestra de la conducta cultural de nuestro habitante rural. La superstición es parte del hombre de todas las latitudes, siendo las camperas más llamativas.
 

Pablo

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Seba, muy bueno me hace acordar a mi abuelo cuando me comentaba sus "cuentos de campo"... tenes algo mas? Postealo!!

Saludos!! :)
 

Tsubasa27

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Es cierto, yo tengo mi padrastro que tiene animales en el campo y tiene bastantes creencias de este tipo, algo "raras" pero que por acá son bastante normales.

Saludos!
 

Coyotesonico

Administrador
post viejo pero como dice la "chiqui" el publico se renueva

muy bueno, lo priopio sucede con la luz mala, que son huesos de animales que reflejan la luz de la luna

Igualmente, el hombre de ciudad tiene sus propias rarezas ( sin ir mas lejos en este mismo foro), con el juego de la copa, tambien el tema de la sal, boletos capicuas, el paraguas abierto, las cabalas en el futbol, la creencia en la suerte ( o Dios o la suerte, no las dos juntas, por lo menos para los Cristianos), tocar madera, curanderas, actimel, robo de organos (mito), etc.
Aparte, mucha gente, al igual que los medios de comunicacion utilizan la palabra "tragedia" (algo que no se puede evitar) en lugar de accidente (hecho que si).
O tambien la creencia del destino escrito, en lugar de su construccion dia a dia. Hay que ser responsables cheee!!! La gente es rara.

Solo son pensamientos, no me hagan caso.
 

Osky26

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Nada tienes que temer,
al mal tiempo buena cara,
la Constitución te ampara,
la justicia te defiende,
la policía te guarda,
el sindicato te apoya,
el sistema te respalda
y los pajaritos cantan
y las nubes se levantan.

Cruza los dedos,
toca madera.
No pases por debajo de esa escalera.
Y evita el trece
y al gato negro.
No te levantes con el pie izquierdo.

Y métete en el bolsillo
envuelta en tu carta astral
una pata de conejo
por si se quiebra un espejo
o se derrama la sal.

Y vigila el horóscopo
y el biorritmo.
Ni se te ocurra vestirte de amarillo.
Y si a pesar de todo
la vida te cuelga
el "no hay billetes"
recuerda
que pisar mierda
trae buena suerte.

Toca madera,
toca madera.
Cruza los dedos,
toca madera.

Nada tienes que temer...
Arriba los corazones...
Nada tienes que temer
pero nunca están de más ciertas precauciones.

Cruza los dedos,
toca madera.
No pases por debajo de esa escalera.
Y evita el trece
y al gato negro.
No te levantes con el pie izquierdo.

Que también hacen la siesta
los árbitros y los jueces.
Con tu olivo y tu paloma
camina por la maroma
entre el amor y la muerte.

Y vigila el horóscopo
y el biorritmo.
Ni se te ocurra vestirte de amarillo.
Y si a pesar de todo
la vida te cuelga
el "no hay billetes"
recuerda
que pisar mierda
trae buena suerte.

Toca madera,
toca madera.
Cruza los dedos,
toca madera.

Y ajústate los machos,
respira hondo,
traga saliva,
toma carrera,
y abre la puerta,
sal a la calle,
cruza los dedos,
toca madera.

Toca madera,
toca madera.
Cruza los dedos,
toca madera.
 

Pablo

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Aca consegui algo.... :D

La Viuda



Según la superstición del gaucho la viuda era un fantasma que se aparecía en medio de la noche, vestida de blanco, envuelta en una sábana y generalmente usaba zancos.
Representa el ánima de la viuda, y al confuso viajero que lo enfrenta lo desvalija de todo lo que lleva encima. A veces aparece bajo la forma de un potrillo o ternero y aún de un perro.
También se le llama la llorona. Una de las versiones catamarqueñas representa a la viuda como mujer de alta talla, vestida de negro y con los pies desnudos y blancos y si habla despide llamas por la boca. Persigue a los mozos que andan en amoríos y cuando pasan jineteando, monta en las ancas de sus caballos, y les abraza mortalmente. Algunos que han conseguido zafarse, dicen que han sentido a sus espaldas algo así como el ruido de una bolsa de huesos.
En Santiago del Estero, según Feijóo, se presenta como una mujer alta, delgada, y se la ve por los puentes, en los caminos, por los lugares más apartados y siempre de noche. O bien en las mismas calles de la ciudad, siempre a mitad de cuadra, parada, como si esperara a alguien, o como si viviera en el aire, sin importarle a nadie, aunque mostrando sus sonrisas a los hombres, no a las mujeres, a las que aborrece y esquiva con andar ligero. Y cuentan que hasta llega a acom pañar a los hombres o se cruza de improviso por delante de toda persona, produciéndole el consiguiente espanto.
El origen de la viuda debe buscarse en el mal que le hizo su propio hijo para colmar su ambición y cumplir con los requisitos de la magia. A los chicos se los amenazaba con la viuda si no se portaban bien o no querían dormirse.

La Leyenda de la luz mala

La Luz Mala, Fuego Fatuo, o Farol de Mandinga es una de las creencias populares más arraigadas en el norte argentino. Finalizada la conquista territorial y espiritual de esta parte de América a mano de los españoles, las huellas que dejaron son indelebles, y este se verifica en la conformación de muchas leyendas que circulan aún la actualidad. En cuanto a la Luz Mala, dicen se trataría de antiguos tesoros en oro y plata perdidos por los conquistadores, cuando fueron asesinados en emboscadas por los nativos. Esos bienes se enterraron producto de la erosión, o simplemente fueron escondidos por sus dueños, cuya ubicación algunos afirman conocer, tejiéndose cuentos del tío victimando a cándidos paisanos. En el noroeste argentino, afirman que las luces son los brillos del metal dirigidos por las almas de sus antiguos dueños, que intentan atemorizar a quien acierta a pasar por el lugar donde está ubicado. Se afirma que el día de San Bartolomé (fecha en que el diablo no tiene la vigilancia de los ángeles) es el propicio para descubrir el lugar de ubicación de un "Tapado" (Tesoro) Ese día Satán busca almas ingenuas que se aventuren movidos por la codicia a esos lugares. Indudablemente el miedo a la muerte, y la concepción religiosa del mal, generan en la intimidad del pensamiento estas fabulaciones.

En nuestra provincia, esos avistamientos de luces serían almas en pena, que buscan contar sus cuitas a quien quiera escucharlos, pidiendo eleven oraciones que ayuden a obtener el perdón divino. Por supuesto que producen terror a quien la divisa. En las regiones central y sur del Chaco son moneda corriente las historias de apariciones de Luces Malas. Incluso yo he tenido la oportunidad de observar su presencia, de distintas formas, experiencia que resume todo lo referente a esta creencia. Es decir nunca fui molestado, ni observé extrañas formas o ruidos. Escuché relatos de golpizas, de asustar cabalgaduras, de frenar violentamente los biciclos, y floridas especulaciones respecto de contratiempos sufridos a causa de la luz. Quizá se deba a algún sentimiento de culpa muy íntimo, que actuó sobre la psiquis del paisano instalándose en su sector consciente, una ficticia experiencia de castigo por la falta que carga.

La explicación más corriente a este fenómeno real, es el de creer que se trata de gases fosforescentes generados por la descomposición de huesos o metales nobles. Serían gases con esa propiedad física, que por tener una densidad distinta al aire que lo contiene no adopta su forma, aglutinándose en forma de bolas, y por su peso específico infinitesimalmente distinto al aire de la atmósfera, serían movidos por la menor brisa. Nuestro organismo no siempre percibe el movimiento de la masa de aire, lo que explicaría el movimiento de traslación del fenómeno. También nuestro territorio fue surcado por españoles portadores de cargamentos de metales preciosos traídos del sur del Imperio Inca. Además podría haber acumulación de huesos de animales producto de sequías, o de cementerios de nativos. Todas las especulaciones le dan fuerza a la creencia de la descomposición de estos elementos, como generadoras de la Luz Mala.
 

Nano

moderfaker
Muy bueno. Y muy interesante. Es lindo que se revivan antiguas creencias y tradiciones locales, para que la cultura de nuestro pueblo no desaparezca y pueda mantenerse viva de generación en generación.... (como siempre fue en la historia del hombre!!) Sería lindo que alguien con estudios históricos o antropológicos comparta un poco de su saber. Más de uno vamos a quedar fascinados!!
Además de eso, ustedes me trajeron recuerdos de mi infancia con historias del campo y el mas allá.
:bp:
 

pepeonline

Distribuidor VG
Muy bueno. Ademas eso de que la luz mala es un efecto del fosforo que se descompone de los huesos es verdad, por eso no es raro encontrar restos de animales o personas en una etapa de descomposicion avanzada.
 
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